jueves, 14 de noviembre de 2013

Un comentario de Joaquín Araujo en su blog TIERRA en EL MUNDO

El chapapote ha vuelto


Nunca olvidaré el sonido de esa agonía orillada. Las olas, ahogadas por la podrida viscosidad del chapapote, se convirtieron en estertores. Era una herida inversa, de ella no manaba líquido alguno, sino que quedaba sellado. Los fluidos del mar, esenciales para que todo lo demás fluya, estaban amordazados, torturados, por la peor mugre.
Sí, lo he contado ya en otras ocasiones pero cuando me acerqué, ese primer día, a la costa de Malpica era casi de noche. Como si quisiera compadecerse de mis ojos, la luz se apagaba como disimulando la presencia del desastre. Mis oídos, sin embargo, estaban demasiado despiertos. Por eso escuché el más estremecedor lamento, porque era el del mismo océano, que es quien consiente la vida entera de este planeta. Algo que nuestra justicia y menos nuestras instituciones todavía no han comprendido.
Lo duro es oír lo mismo once años más tarde. Las palabras de la sentencia están quemando de nuevo al mar. El agravio también sigue la ruta de la mareas negras porque se extiende por doquier y afecta gravemente a la dignidad de los miles de gallegos directamente afectados. Acaso todavía más a la infinidad de voluntarios que sacaron tanta corrupción de las aguas. Y lo hicieron con riesgo y sin precio.
No se ha hecho justicia, sencillamente porque no se puede considerar justo a lo que desprecia a la vida y a los honestos y deja impune a los aliados de la catástrofe.

GRACIAS Y QUE ESTE DISGUSTO NO LES IMPIDA ATALANTAR COMO LA VIDA HACE.